17 septiembre 2010

Vuelta a la carretera.

Se acabó el verano y volvemos al trabajo. Comienza la campaña de otoño de la Red de Daños de Parque Nacionales, así que volvemos a ponernos en marcha, salimos a la carretera, y nuestro primer destino son Los Pirineos. La cosa comienza bien.

Durante nueve días recorreremos los parques nacionales de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y de Ordesa y Monte Perdido, evaluando el estado de salud de su vegetación (árboles y arbustos). Una ventaja inegable de estar todo el día en el campo es que siempre puedes sacar algún ratillo para bichear, y si no puedes, al menos siempre aumentará enormemente la probabilidad de ver algo interesante.

Y ciertamente así ocurrió. Fue el primer día, en el sector oriental de Aigüestortes. Como en la campaña anterior, mal tiempo. Lluvia e incluso granizo. Temperaturas bajas y pocos bichos. Por la tarde despejó un poco. Recorríamos una de las pistas forestales que atraviesan los pinares de la zona periférica del parque próxima a València d'Aneu. Ya atardeciendo, íbamos pendientes de un grupo de gamos que correteaban por una pradera -después de verlo tanto en Doñana, parece que pegan poco allí, verdad?- y entonces aparecieron en medio del camino. Mis primeros urogallos. Una hembra con un pollo ya crecidito. Permanecieron unos segundos delate del coche, y volaron ladera abajo. Guapísimos!

Comenzó muy bien la cosa.

El resto del viaje afianzó una impresión que ya venía rumiando de años anteriores. Me gusta más Ordesa. Aigüestortes es impresionante. Con un carácter quizás más alpino. Picos más afilados y valles más estrechos. Más húmedo. El Valle de Arán, que se abre tras subir la Bonaigua, es espectacular. La parte occidental, con los estanys Llebreta, Llong, Redó, etc, y el Planell d'Aigüestortes es preciosa -de hecho me gusta más que la parte de Espot-.
Pero Ordesa tiene algo diferente. Imponente. Supongo que es el resultado de un impresionante sistema kárstico que ha ido horadando la roca caliza durante millones de años.


Valle de Arán visto desde el alto de la Bonaigua.

El macizo de Treserols -Monte Perdido, Cilindro de Marboré y Soun de Ramond - es el macizo calcáreo más grande de Europa y domina el parque de forma espectacular, partiendo de él de forma radial los cuatro sectores diferentes del parque: el valle de Ordesa, el cañón de Añisclo, el valle de Escuaín y el valle de Pineta.

Circo glaciar de Pineta, con el Monte Perdido a la izquierda.

El valle de Escuaín, conocido por ser uno de los sitios más frecuentados para la observación del quebrantahuesos, no nos brindó esta vez la oportunidad de ver ninguno, mientras que el año pasado pudimos ver hasta cinco ejemplares.

Más suerte tendríamos en Ordesa, donde la subida por la carretera ya nos dejó ver un tejón perfectamente -eran las 6:15 de la mañana-. Por un día cambiamos el coche por la botas, y recorrimos la Faja Pelay, cuyas vistas del parque son impresionantes. Desayuno junto a las Gradas de Soaso, y ya aparecen las primeras marmotas y algún que otro sarrio. Seguimos y de camino a la Cola de Caballo se deja ver el mirlo acuático.

Marmota

Ya en la faja, las vistas son espectaculares. Dominas el valle entero, justo por el límite superior de la vegetación. Hayas, abetos y pinos negros quedan por debajo. Los rododendros tapizan el suelo y aparecen especies como el Salix pyrenaica, un pequeño sauce de porte rastrero que crece exclusivamente en Los Pirineos a partir de los 1600 m.
Las zonas de vegetación variada se alternan con amplios canchales de piedra, formados por derrumbes.
Cuando la mañana entra de lleno y el sol pega en el valle comenzamos a ver multitud de pajarillos propios de estos hábitats: herrerilllo capuchino; carbonero garrapinos y carbonero palustre; verderón serrano; acentor común y el pequeño reyezuelo sencillo. Mientras algún ratoncillo de campo sale a nuestro paso, por encima de nuestras cabezas se ven las siluetas de los buitres, y se escuchan los graznidos de las chovas piquirrojas. Y entonces llega otra bonita sorpresa. Escuchamos el reclamo del pito negro, y un poco más adelante lo observo en un pequeño grupo de Pinus nigra.

Tal vez no haya sido un viaje muy prolífico en cuanto a cantidad de especies observadas, sin embargo siempre merece enormemente la pena acercarse a estas grandes montañas para admirar sus paisajes, y si vamos con los ojos bien abiertos, seguro que algún regalito nos llevamos a casa.

3 comentarios:

Ana dijo...

Buenas,
Ya que como muchos soy una fiel seguidora de nuestro gran amigo Durrell,te quiero felicitar por este nuevo blog.
Por cierto, grandiosa la faja de Pelay, encatadores parajes.
Muchos besos FER...estare esperando tus comentarios viajeros.
Anasaco

Cristina dijo...

Enhoabuena!!!!Me encanta. Me lo pienso plantar de cabecera en el firefox de la oficina para relajarme y coger fuerzas!!!
Y seguro que además aprenderemos.

Besos.

Rui dijo...

FER!!! Debes eligir otro color para la fecha del post, pues es imposible saber que mes y año estuviste de paseo. Yo que casi me caen los ojos de tantas horas delante del pu(trefacto) ordenador y tengo que aguantar esta gente que va por ahí vendo urogallos. Vete antes a ver el urologo :-]

abraços